¿Para qué disfrazar al mundo humano con una belleza que raras veces tiene?
Hay que desnudarlo, exhibirlo, denunciarlo con toda la fuerza de la inteligencia
hasta hacerlo sentir vergüenza de sí mismo.

COSME ÁLVAREZ

miércoles, mayo 02, 2007

Consideraciones, acaso un acercamiento provisional, a una poética

MIJAIL LAMAS

Siempre escribo para explicarme las cosas, para encontrar respuestas, para entender mi realidad más inmediata, quizá por eso siempre registro los acontecimientos más próximos a mi experiencia vital. Aunque todo lo anterior resulte una obviedad es necesario decirlo.

Hace algunos años, al darse el cambio de siglo, me dio por reflexionar sobre mi época, nada más inmediato que eso; discurrir sobre el pulso de la calle, de cómo esta influía en el amor, la amistad y otros sentimientos y de cómo estos se adaptaban o eran modificados por el entorno y la tecnología; el corazón y la mente encerrados en la soledad de las oficinas: Con todo eso vino una reflexión que me ocupo mucho tiempo: el quehacer del poeta en una época donde lo único que importa son los parámetros que miden la eficiencia y la producción. Me había venido apoyando en el discurso de los poetas de fin de siglo XIX y principio del XX, me emocionaba su anhelo de ruptura y cómo asimilaban con asombro la pirotecnia del progreso, esos discursos eran sentenciosos, optimistas algunos de ellos , otros terribles y sin esperanza. De aquellos modelos pretendía adquirir la verdad para descifrar mi época.

No me engañaba del todo, sabía que conceptos como modernidad y progreso estaban sobrepasados hace tiempo, lo que buscaba era el andamiaje crítico de esos textos. Sabía que el sujeto lírico que hablara en mis versos no debería tener concesiones ni consigo mismo, confieso que no creo haberlo logrado del todo.

En estas aspiraciones el elemento formal no destacaba, había practicado una versificación irregular en estos poemas, si algo de música hay en ellos es una muy acompasada, la música de un pensamiento enfocado más en lo que se dice que en el como se dice. Reconozco que en materia rítmica, hasta ese momento, no había nada establecido de manera deliberada, ya que carecía de una formación formal al respecto.

La mezcla tanto temática como rítmica dio como resultado un libro desbordado en la extensión de algunos textos, pero el libro en su totalidad, por bueno sólo tiene algún aventurado reclamo a nuestra época y la afortunada creación de un personaje: un hombre frente al monitor de una computadora, lugar en el que ha pasado más tiempo que frente al rostro de su amada.

En un panorama general diré que los versos elaborados en ese entonces se quedaban en una mera superficialidad, tan superficial como la época que pretendían retratar.

Ahora soy más ambicioso, hoy hablo del amor.

Para hacerlo me es necesario zambullirme hasta el fondo, no sólo a nivel sentimental. Para poder aprehender el amor en el poema y a su vez lograr explicármelo tengo que ir más lejos. Sólo un mejor conocimiento y uso de mis herramientas me lo permitirán.

Estos versos que ahora escribo han ganado en sobriedad, una mayor contención del sentimiento, una contundencia en la concreción del elemento poético gracias a un mayor conocimiento de mi material de trabajo. Todo lo anterior ha sido posible gracias a la intencionada reducción en el tamaño de los versos, lo cual es directamente proporcional a la capacidad de síntesis expresiva de los mismos. Esto ha sido posible gracias a combinaciones métricas regulares de versos endecasílabos y heptasílabos, así como encabalgamientos en el segundo hemistiquio de los endecasílabos y de los alejandrinos en el caso de algunos de mis poemas más logrados; igualmente combinaciones menos regulares de versos que oscilan entre los de cinco silabas a los de quince.

La consigna ha sido desde entonces convertir al poema en una maquinaría precisa, cada estrofa un organismo sólido y flexible que se comunique de manera natural en forma descendente con las otras, y cada verso una flecha certera y desbordante de sentido.

Aún espero los resultados, así como no hay nada definitivo.



UNA CREENCIA

Consideremos que no será posible lograr una nueva forma de expresión poética sin partir de la comprensión de nuestra tradición y las posibilidades que nos da el conocimiento de las formas clásicas y lo que en estas subyace.

Lo original parte de la reflexión que hagamos de nuestro origen y el reconocimiento del pasado.

Creo en la libertad del verso por el conocimiento del mismo, la libertad de un canto que fluye sin tropiezo es resultado de un atento estudio y conocimiento de su naturaleza; sin este conocimiento corremos el riesgo de repetirnos por no tener más posibilidades a nuestro alcance.

Para decirlo con Horacio

Pero si yo no puedo aquestas reglas
guardar, ni lo propuesto de las veces,
ni darles sus colores a la obras,
¿para que me saludan por poeta?
¿Y por qué quiero más desvergonzado
ignorar neciamente que aprenderlo?

(Arte poética)

Atendamos lo que nos dice Severo Sarduy:

En un momento en que la poesía ha llegado a un grado de total distensión, es decir de total insignificancia –en el sentido más semiológico del término-, en que cualquier acumulación de adjetivos se califica de "barroca", y cualquier pereza de "haiku", creo que un regreso a lo más riguroso, a los más formal, a ese código que es también una libertad…

Así las cosas.

4 comentarios:

Noelle dijo...

Hablar de poesía con faltas de ortografía es como pretender hacer música con un taladro.
Provi"s"ional.

Mijail Lamas dijo...

culpemos entonces al editor.
Aunque admito mi culpa.

desde la guarida secreta dijo...

No veo dónde está la culpa del editor. Un blog, a diferencia de una revista literaria, es en parte responsabilidad de quienes agregan sus textos. Como página de escritores que es, el blog Poesía en Sinaloa da por sentado que los autores cuidan cualquier trabajo que hacen público, en su forma y contenido. Ahora, si les es útil, en el trabajo del que se habla hay otra falta: se escriben algunos "como" sin la tilde correspondiente. A manera de posdata agrego que el diálogo y la crítica son los dos mejores medios para corregir los errores.

Mijail Lamas dijo...

Ya lo dije, la culpa es mís

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Leonel Rodríguez - Premio Clemencia Isaura 2008

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